El Black Friday va contra natura

November 29, 2019

Cada último viernes de de noviembre, cientos de personas en todo el mundo salen a la calle… para comprar como si no hubiera un mañana. Dicho así, el propósito del Black Friday parece, cuanto menos, ridículo. Por eso, de vez en cuando tenemos que pararnos a pensar si lo que hacemos como sociedad nos acerca al mundo que, decimos, queremos crear. A veces reflexiono sobre cómo hemos dejado que la cultura ultraconsumista nos dicte lo que necesitamos y que nos haga sentir que lo necesitamos ya. ¿De verdad es así?

Cada año en estas fechas veremos en las noticias cómo la gente arrasa con todo aquel que se interponga entre dicha persona y las zapatillas «de sus sueños». Además, continuamente sentimos que el resto nos juzga y piensa: «¿Por qué no compras?, ¿acaso no tienes el poder adquisitivo para permitirte este móvil?». Aunque no lo creamos, en un mundo continuamente bombardeado por estímulos visuales, la apariencia y los bienes que ostentamos te definen frente a los ojos de los demás.

Hoy me gustaría crear un momento de reflexión sobre esta situación caótica y ayudar a que otras personas puedan crear una opinión formada tras leer este artículo.

Vamos a partir de la siguiente pregunta: ¿De verdad necesitamos todo lo que compras? Seamos honestas, la respuesta es un no rotundo. Entonces, ¿por qué lo compramos? Pues porque nos han enseñado a sentir falsas necesidades, a que el estrenar es placentero y nos hace felices, aunque sea solo momentáneamente. Dicho así, parece ridículo, la verdad, y nos puede hacer querer aclamar «¡Pues yo no pienso eso!», pero entonces, ¿por qué compramos si no lo necesitamos?

Aunque esto es aplicable al resto del año, vamos a centrarnos en el Black Friday. Cuando vamos a las tiendas o a las páginas web de las empresas, nos olvidamos del capital humano que permite que podamos obtener ese bien: las trabajadoras de los almacenes y los dependientes de las tiendas. Esas personas vivirán durante los periodos de ofertas una de las jornadas más estresantes que podamos imaginar, con cientos de personas revolviendo percheros, mesas de exposición y estanterías, demandando una talla más o un modelo en otro color que los trabajadores deberán traer del almacén… En estas ocasiones nos flaquea la empatía. ¿Acaso no acabamos todas agotadas en un día normal? Muchas de vosotras habréis pasado alguna vez por esto que describo.

A pesar de poder vernos reflejadas en el agotamiento y el tedio de estos dependientes, muchas veces sentimos que si no compramos en el momento lo que está rebajado, no vamos a poder volver a encontrar otro chollo igual. Pero en realidad, existen rebajas en otras fechas del año (igual de desesperantes para quien trabaja). ¿Qué problema específico supone el Black Friday entonces? Que es una festividad concretamente pensada para derrochar, malgastar y exaltar la cultura del consumismo.

Visto desde otro enfoque, cuando se habla del «consumismo salvaje», siempre se piensa en cuánto están perdiendo las empresas, pero ¿cómo de creíble es que un negocio que rebaja sistemáticamente los precios cada año hasta un 75 % está perdiendo dinero? Es muy fácil: el margen de beneficio es muy grande y prefieren rebajar los artículos a no venderlos. ¿Os pongo un caso práctico? Una camiseta de una empresa que deslocalizó sus fábricas a países menos desarrollados y que cuesta 7 € tiene ese precio porque la mujer que la confeccionó cobra unos 30 dólares al mes por coser cientos de prendas en condiciones infrahumanas y los gastos de aduanas a los que la empresa en cuestión tiene que hacer frente no son los mismos los que pagaría un particular.Todo esto sin contar con el impacto medioambiental del transporte de la mercancía. Y sucede lo mismo con el resto de productos que compramos. Sin hablar, por supuesto, de la calidad de lo que vamos a adquirir.

Aunque el Black Friday parece que todavía va para largo, nosotras podemos poner nuestro granito de arena para que esta situación llegue a su fin. Necesitamos una forma de consumo responsable basada en la capacidad de la naturaleza y en unas condiciones laborales dignas. Si aspiramos a vivir en un mundo más justo, si somos capaces de empatizar con las explotadas, debemos replantearnos si nuestras acciones van en consonancia con nuestros valores. Y te voy a contar un último secreto: la cultura ultraconsumista basada en la macroproducción es incompatible con la capacidad de regeneración la naturaleza… Sobre esto no podemos opinar, es un hecho, pero esta cultura no tiene que durar para siempre. ¿Te animas a ser parte del cambio?


Escrito por Valeria Riaza